¿Y tú eres o te haces?

I am a camera. Foto capturada con el IPhone 11.

La vida está volviendo a la normalidad aunque afuera la sombra de la pandemia acecha todavía.

¿Quién determina el final de una situación como esta? ¿Habrá una ceremonia, un coloquio, un discurso emotivo en el cual se hará mención de aquellos que fueron víctimas de la desinformación o del destino? No lo sé. Al parecer nadie lo sabe.

Mientras tanto, ignorantes, intransigentes, incongruentes, aburridos o no, intentamos seguir adelante. Pretendemos que esto es una mala noche de sueño y salimos al encuentro de aquello que significaba algo para nosotros.

Aunque andamos por ahí como fantasmas con la extraña sensación de que nos arrebataron algo: un soplo de vida, la divina providencia, el estado del arte.

No quiero generalizar, no quiero culpar a nadie, ni causar molestias. Así que deslindo de toda responsabilidad a quien se sienta aludido y procedo a convertir este mamotreto en una suerte de monólogo existencialista ligeramente descafeinado.

Yo ya me buscaba antes, antes de que fuera trending topic, pero la pandemia me enseñó que no había encontrado nada, solo laberintos. Y ahora que por designio neoliberal podemos (puedo) volver a salir, me voy de visita, a los museos, me reúno con amistades, camino por las calles que me arropaban en la juventud para continuar con mi búsqueda, la del eterno y proverbial quiensoy.

Confieso que soy un neófito es esto de la arqueología del ser, pues todavía no alcanzo a distinguir entre el vienesiendo y el yahubierasido. Me confundo entre mi yo prepandémico y el «usté está traumado con eso de la pandemia, veá». Y es que ahora soy este medio rostro o las fotos de mis redes sociales, o ese tuit que escribí en un momento de furia contra el gobierno, la familia, la iglesia o Lety la de recursos humanos, pilares fundamentales de la sociedad.

El ego hecho hombre, mujer o género fluido, como el agua. El YO, así con mayúsculas. Esa palabra prohibida en algunas religiones, pues solo los seres divinos pueden ser o no ser. Solo a ellos se les permite definirse como el alfa y el omega, el primer motor inmóvil, la materia indeterminada ¿A los demás qué nos queda? ¿Nuestros nombres? ¿Nuestros títulos nobiliarios? ¿El avatar de nuestra cuenta de twitter?

Internet nos ha hecho creer que somos capaces de jugar a ser dioses, pero nadie se ha dado cuenta de que la red abierta al mundo es un mecanismo de ilusión. Un artilugio que nos hace pensar que antes y después de nosotros no hay nada; pero lo hay, lo hubo y lo habrá.

La historia y el tiempo no son caprichos del gobernante en turno o del último grito de la moda, la historia se demuestra con hechos y el tiempo nos alcanzará a todos en un ciclo que verá su final cuando este universo colapse y todo comience de nuevo. Fenómeno que, por cierto, no atestiguaremos. Lástima.

No sé en lo que nos hemos convertido después de la tremenda crisis de 2020, que aunque aún no termina por lo menos es mas soportable. No sé quiénes somos ahora que hemos descubierto que a la naturaleza le da igual nuestra existencia, que para el planeta somos una diminuta crisis de ansiedad, una gripe, un malestar estomacal.

La humanidad puede pensar que es el último escalafón de la evolución, el último bastión inteligente del universo, podemos declarar que hemos domado a todos los males del mundo gracias a nuestra profunda inteligencia y dominio de la técnica, y sin embargo ¿Qué somos? ¿Un instante? ¿Polvo de estrellas? ¿Una eternidad efímera?

Yo, como ya lo he declarado, me considero un principiante en estas andanzas del ser, por lo tanto mis argumentos son endebles, confusos, carentes de una metodología académica. Me conformaré con la búsqueda perpetua de ese anteserasmaschéverelaneta, aunque es probable que nunca lo encuentre o que, al contrario, cuando lo haga, la revelación metafísica de quien siempre pensé que era, será como un espejo negro o una máquina de vértigo a la cual no me atreveré a mirar.