Perro viejo no aprende trucos nuevos

Nunca se me ha dado muy bien la rutina. Durante muchos años he intentado llevar un blog de manera regular pero he fallado estrepitosamente ¿Por qué hacerlo ahora? ¿Para qué intentar otra vez escribir o reflexionar sobre temas que a nadie importan? ¿A qué propósito sirve un medio de estas características?

Sobre todo hoy en día, cuando ya se considera pasado de moda y sin muchas repercusiones en el mundo de los trending topics y los influencers; en el mundo de las vertiginosas redes sociales que se nutren de vistas, «shares» o «likes» ¿Para qué optar por un medio estático y sin «engagement»; aburrido y poco atractivo para potenciales clientes o patrocinios?

Quizá porque el objetivo de este espacio sea otro, tal vez porque después de la pandemia y de otras tragedias personales, estoy buscando regresar al origen, a lo básico, al flujo lento de las cosas, quizá porque quiero reconocerme otra vez como fotógrafo, como creador de imágenes, como contador de historias.

La fotografía, desde que descubrí su potencial hace más de 15 años, me ha brindado la oportunidad de acercarme a situaciones que de otra manera me hubieran pasado inadvertidas, nunca imaginé que la imagen se democratizaría como lo ha hecho y lo celebro. La fotografía ha sido, bien o mal, mi medio de subsistencia durante todo este tiempo y pienso que este es un buen momento para comenzar a construir un acervo que sirva como espejo retrovisor, donde lo lejano parezca estar más cerca y viceversa.