Time Stand Still

Hay cosas que están destinadas a verse solamente una vez en la vida y creo que el concierto de Rush, la noche del 18 de junio en el Palacio de los Deportes, es una de ellas. 

11 años después de su última presentación en 2015, aún con el legendario Neil Peart, fallecido cinco años después a causa de un glioblastoma, parecía imposible volver a ver a los canadienses en directo. Pero algunos milagros ocurren.


El 6 de octubre de 2025, Geddy Lee y Alex Lifeson anunciaron su regreso a los escenarios con la gira Fifty Something, que arrancaría en junio de 2026.  La pregunta que surgió inmediatamente entre los fans fue ¿Quién ocuparía la silla de Peart? Considerado uno de los mejores bateristas de la historia del rock.

Se barajaron varios nombres pero al final fue la alemana Annika Nilles quien se puso detrás de los tambores para “revivir” un legado de cincuenta y tantos años. Y sí, es una maravilla verla tocar, precisa, milimétrica. 

Yo no pude ver a Rush en 2002, la primera vez que vinieron a México para promocionar su álbum Vapor Trails. El testimonio más cercano de eso es el DVD que grabaron en Río de Janeiro, y pensé que esa oportunidad no se repetiría nunca. Sin embargo, cuando me enteré que volverían por estos lares no dudé en hacerme con un boleto. Y valió la pena, completamente. 

Puedo decir que el concierto fue una especie de vuelta al pasado pero no solo por la música, la mística jugó también un papel importante. En el público había emoción y expectativa, un ambiente, aderezado también por el partido de la selección nacional, donde hasta “la ola” hizo presencia. 


Cuando se apagaron las luces, en punto de las 8:30, todos enloquecimos. El video introductorio, una producción bastante buena, por cierto, dejó ver a una banda que ya no se toma las cosas tan en serio. Cuando comenzaron a sonar las primeras notas de Xanadu ya no había marcha atrás, Rush nos había enganchado, como lo hizo conmigo cuando era un preparatoriano, 1500 años antes del wifi y la pandemia. 

Luego sonó Dreamline, del Roll the bones de 1991, excelente, justo como la recordaba.
Después vinieron Subdivisions, Headlong Flight y Bravado, uno de Los momentos más emotivos del recital con las lucecitas de los móviles brillando por todo el domo de cobre, un momento que hizo que varios derramáramos algunas lágrimas. Un homenaje para Peart por parte no solo de sus compañeros de banda, sino de sus amigos. 

Luego continuaron con Red Sector A, La Villa Strangiato, Anthem, que nos transportó a Flight by night de 1975, Geddy Lee nunca volverá a ser el mismo de antes, pero su vocal coach ha hecho un excelente trabajo. Con New World Man y The Spirit of Radio llegamos al punto culminante de la primera parte de una presentación que ya tenía tintes de desvarío para contar a los nietos. 

Y después de 20 minutos, contabilizados por un extraño reloj steampunk que adornaba el escenario, vino el especial de la noche: la ejecución completa del Moving Pictures de 1981. Con el intro de Tom Sawyer que ya habían presentado en alguna otra ocasión, donde aparecen los personajes de South Park, la locura total. 

Durante este viaje de 40 minutos en los cuales pudimos disfrutar de Red Barchetta, YYZ, cuyo coreo no nos sale como a los cariocas, Limelight, The Camera Eye, que sonó mucho mejor que en el disco, Witch Hunt y Vital Signs, pudimos ver a una banda revitalizada, poderosa, perfectamente bien integrada, como si el tiempo se hubiera detenido.

Luego vendría la infaltable Closer to the Heart y otro momento épico, parte de la suite 2112, que interpretaron íntegramente en otros lugares pero que aquí se redujo a la Overtura, Temples of Syrinx y el “Grand Finale”. 

Después de un encore forzado, por que eso no se había terminado aún, vinieron dos reminiscencias a su primer álbum homónimo “Rush” Finding my way y Working Man. 

Geddy, Alex y Annika nos habían brindado una noche memorable, una producción impecable que por lo menos a mí, me supo a los conciertos de antes, donde lo que importaba estaba frente a nosotros y no en la pantalla de nuestros móviles, o quizá me está traicionando la euforia que viene después de una experiencia como esta. Extrañamos a Neil, por supuesto, volveremos a ver algo así alguna vez en el futuro, no lo sé, espero que sí.

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